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Un día en la vida de una persona con discapacidad auditiva

Una de nuestras colaboradoras se somete a un experimento muy especial, pasar el día con unos implantes que NO le permiten oír. Nos cuenta cómo fue en primera persona.

Voy por la calle de camino al trabajo, acabo de salir del centro donde me han insertado los implantes para no oír. Creo que las personas que tengo alrededor deben pensar que estoy un poco nerviosa por que a la hora de cruzar la calle me pongo de puntillas y miro una y otra vez de derecha a izquierda. Estoy muy alerta, porque con los implantes no oigo nada, ni siquiera el tráfico.

Siempre he escuchado bien, soy afortunada. Únicamente tengo problemas cuando viajo en avión, que me duelen de forma intensa los oídos , por lo demás todo correcto. Por eso, cuando en OIR VITAL CANARIAS me pidieron que realizase este experimento, no lo dudé ni un momento, me pareció interesante saber cómo se siente una persona con esta discapacidad. Solamente así, mejoraríamos el servicio y los productos de audición que ofrecemos.

Como iba diciendo, el camino a la oficina ya fue un tanto desalentador, además de sentirme en peligro constante, había algo más … el silencio. Fue una sensación muy extraña, inquietante.

Las personas que pasaban a mi lado no sabían que yo eran sorda, pero tenía la sensación de que podían “verlo”. Vi gente charlando, riendo, pero todo lo que yo podía “escuchar” era el rebote de mis pies en el suelo cuando caminaba. Me sentí desorientada y hasta un poco mareada.

Se dice que la disminución de un sentido amplifica otro … así que observando pude “escuchar” al menos parte de las conversaciones de las personas: aquel está discutiendo en su teléfono, ella está chismorreando con su amigo, la parejita de allí se está diciendo algo romántico. Todo el mundo puede leer algo en los labios, hasta cierto punto, pero sobre todo, todo el mundo emplea el lenguaje no verbal.

Se dice que la disminución de un sentido amplifica otro … así que observando pude “escuchar” al menos parte de las conversaciones de las personas: aquel está discutiendo en su teléfono, ella está chismorreando con su amigo, la parejita de allí se está diciendo algo romántico. Todo el mundo puede leer algo en los labios, hasta cierto punto, pero sobre todo, todo el mundo emplea el lenguaje no verbal.

La principal sensación que tuve fue la de perder mi ancla en el mundo: me sentí como en el mar, algo mareada. No me gustó.

Me metí en una tienda, cuando miraba una de las sección me quedé petrificada, porque alguien se acercó a mí y comenzó a hablarme, así que huí. También tenía miedo de toparme con alguien que conociese. No quería ser maleducada y no contestar.

Cuando llegué a la oficina, era como si alguien hubiera presionado el botón de silencio, la gente teclea en sus ordenadores, hablan, contestan teléfonos, pero todo está sucediendo en silencio.

Sonó mi teléfono, porque lo vi en la pantalla, pero obviamente no pude responder. Un compañero se convirtió en mi secretario, por si acaso.

La comunicación con mis compañeros también fue un desastre. Bueno, no fue un desastre, pero fue un proceso lento y agotador. Los compañeros de trabajo hablaban lentamente con expresiones faciales exageradas. Era como un cruce entre lenguaje de señas y locuras. Podría leer algunos de ellos, pero los que murmuraban, de ninguna manera. Y el contacto visual, la concentración y la cercanía eran muy necesarios. Fue frustrante, se comunicaban a través de notas y yo les respondía, pero decidí dejar de hablar, porque me dijeron que estaba gritando muy fuerte.

A medida que avanzaba el día comencé a sentir paz, serenidad. Deben haber algunas compensaciones, si se puede llamar así, a ser sordo o tener problemas de audición. Puedo desconectar del mundo, con los teléfonos móviles, alarmas de coches, vecinos ruidosos y ruido implacable.

Luego llegó la hora de comer y fui con mi compañero, el secretario, por si acaso. Entramos en una cadena de comida rápida, el cajero me pidió el dinero para pagar. Como no supe lo que estaba diciendo, así que lo miré, le entregué 10 euros y recé por que fuera suficiente. Mi amigo le explicó que estoy haciendo un experimento. El cajero me sonrió y me firmó ‘gracias’ en el ticket. Fue agradable. Vuelta a la oficina, afortunadamente no me encontré a ningún compañero de camino.

Siguiente paso, al salir del trabajo y desahogarme con mis amigos tomando unas cervezas. Además de mi experimento, les conté sobre mi fin de semana anterior, pero no pudimos interactuar mucho. Para ser honesta, me sentí un poco sola, excluida y aburrida.

Me di cuenta de que era la primera vez que pensaba en los desafíos que enfrentan las personas sordas en su vida cotidiana. Obviamente no pueden escuchar la radio, escuchar llorar a su bebé, ir al cine, etc. Obviamente también está los prejuicios y las connotaciones. Las personas con discapacidad auditiva a menudo pueden percibirse como lentas de mente.

También es una dolencia más generalmente asociada con los ancianos. Sólo alrededor del dos por ciento de los adultos jóvenes son sordos o tienen problemas de audición, pero en las personas mayores de 60 años lo hacen en un 55%

La sordera súbita, una enfermedad en la que las personas pueden quedar sordas inesperadamente en minutos, afecta a 5.000 personas por año en España. Alrededor de dos millones de personas en el España usan audífonos, 1,4 millones de manera regular y unas 50.000 personas usan el Lenguaje de Señas como su primer idioma.

Seguía reflexionando sobre mi día ‘sordo’ cuando sonó mi móvil y apareció la palabra ‘Colegio’. Me sentí presa del pánico. No pude responder. ¿Qué pasaría si algo hubiera sucedido a uno de mis hijos? Me quité los implantes. El ruido inundó mis sentidos. Fue un alivio bendito.

Llamé al colegio y todo estaba bien, ¿qué pasa cuando una persona con discapacidad auditiva tiene algún tipo de emergencia? Ahora he podido experimentarlo y es cuando he entendido de verdad la frustración que se puede llegar a sentir.

Pero lo que está claro es que la sociedad necesita hacer más ruido sobre este tema. Me ha hecho apreciar los desafíos que enfrentan las personas con discapacidad auditiva, y me hizo apreciar la magia del sonido.

Si tienes alguna duda sobre alguna de estas recomendaciones, no dudes en ponerte en contacto con nosotros. Recuerda que nos puedes encontrar en cualquiera de nuestros centros Oír Vital en Santa Cruz de Tenerife (C/San Clemente, 16), San Cristobal de La Laguna (C/Tabares de Cala, 16) y en Las Palmas de Gran Canaria (C/Perdomo, 12). Recuerda también que puedes visitar nuestra página web www.audifonoscanarias.com

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